martes, 21 de junio de 2011

Vale la pena

Hacía un par de semanas que no cogía la bici. Me daba mucha pereza eso de salir sola y darle vueltas a la cabeza, pero lo necesitaba. En cuanto mi padre dijo que la rueda desinflada estaba lista, ni me lo pensé dos veces.

Llamé a mi prima, no terminaba de convencerme de que necesitaba intimidad. Alguien quiso que ella no se viniese. Me llevé una libreta y un bolígrafo. Mi intención era sentarme a orillas del río y escribir lo que había estado pensando la hora anterior de paseo. No pudo ser. Con esto de llegar el verano, todos han desempolvado sus bicicletas, ¡incluso piraguas!, y yo quería algo más de soledad. Así que, guardé todo lo que fue pasando por mi mente y voy a soltarlo todo de golpe.

No sé si porque iba sola o porque sabía que tenía que reflexionar, no me he fijado ni en las vides, ni en si habían recogido ya el cereal o si las cebollas habían crecido desde la última vez. No he levantado la cabeza. Sólo lo hice para ver un pastor y su rebaño y la cuesta tan inclinada que me esperaba.

Tuve un pequeño incidente con un agricultor. Pasaba viendo los flamencos y me adelantó. Hasta aquí nada extraño. Unos metros más adelante, el coche del agricultor se detiene. A pesar de llevar lentillas, mi miopía no me dejó ver que junto al coche había un perro bastante más grande que yo. El agricultor dijo que seguramente sería un perro vagabundo, que no me preocupase, no me iba a hacer nada. Imagino que al ver mi cara de espanto supo qué era lo que tenía que decirme. 

Si me hubiese encontrado completamente sola en esa situación, seguro que habría sido capaz de volver a recorrer la hora y cuarto que llevaba encima, en vez de continuar el camino en el que apenas quedaban unos veinte minutos para llegar a casa. ¡Menudo ángel me ha puesto en el camino!

Y esto ha sido hoy, no me atrevería a contar a todos los angelitos que he ido encontrando a lo largo de estas más de dos décadas de vida, y en estos últimos meses con más intensidad.

En realidad, yo quería contar cómo elegí mis estudios universitarios, en comparación a mi estado actual. Allá voy.

Recién empezado el último curso de instituto tenía muy claro que en un futuro quería trabajar como fisioterapeuta. Quizá lo que me echaba para atrás fuesen las notas, aunque no iba muy desencaminada, de hecho, las notas finales fueron mucho mejor de lo que esperaba por entonces. Un día, mejor dicho, una noche, en la cama, pensando qué hacer con mi futuro, me planteé que bien podría estudiar Fisioterapia pero si no conseguía ser ingeniero, como desde niña siempre había querido, tendría esa espinita clavada de por vida. No era de extrañar, teniendo una hermana médico y un hermano enfermero, que yo también quisiera estudiar una carrera relacionada con la medicina. 

La pre-inscripción en mis manos y sin pensarlo dos veces, en mayúsculas escribí 'Ingeniería Técnica Agrícola'.

Con sus más y sus menos, estoy muy contenta de haber escogido esta opción y no la otra. No me he quedado con ganas de estudiar Fisioterapia, al contrario, voy a ampliar mis estudios de ingeniería.

Volviendo al presente, esta tarde vi un vídeo con una canción que ya había escuchado. De hecho, llevo con él en mente un par de días desde que lo descubrí. No sé si la melodía o el mensaje, o quizá los dos, han sido los culpables de que aún quiera volver a recordarlo. Me han llevado a sugerirme ¿y si...?

Si yo escogiese este camino, dejo muchas cosas atrás. Si elijo el otro, quizá llegue ese día en el que me arrepienta de una mala elección.

Sé que esto es pasajero, es la segunda vez que lo veo con claridad, pero si alguien me preguntase en este momento qué quiero, no dudaría la respuesta. 

Esto es más complicado de lo que parece. Por ahora, nadie pone impedimentos, al contrario, todo son facilidades. Todavía no he escuchado a nadie poner objeciones.

He decidido esperar a saber más sobre mi traslado el próximo curso. Si no se lleva a cabo, la respuesta es más que obvia. Si, por el contrario, puedo lanzarme al cambio, dejaré el tiempo de mi estancia fuera para la reflexión, aunque considero que es demasiado tiempo para ello.

Es muy emocionante y a la vez que complicado decidir, más aún si es algo tan importante. 

Merece la pena no tener miedo.

1 comentario:

Abel dijo...

Otra de las partes positivas esque no acabaste accidentada en mitad de la carretera ; )