sábado, 13 de agosto de 2011

¡Hacia la gran aventura!

Hoy tengo que escribir sí o sí. Llevo un par de semanas intentándolo que estas vacaciones me han surgido un montón de cosas y no he sido capaz de aportar nada nuevo. Veamos, empezaré resumiendo lo que ha sido el día previo a la gran aventura.

Ayer llegó a casa nuestra familia mallorquina. La casa ya empezaba a ser un desastre. Mi hermano nos había prometido ir de rebajas esa misma mañana pero, según él, estaba mal del estómago y no tenía muchas ganas de salir de compras, con lo cual nos dio dinero y a las tres de la tarde nos dejó en pleno centro de Ciudad Real. 

Las tiendas no abrían hasta las cinco, hacía muchísimo calor. Le propuse a mi hermana pasar a un bar, estar fresquitas y tomar un café pero ella no quería gastar nada del dinero en otra cosa que no fuese ropa, así que dimos un par de vueltas por las tiendas que no cerraban a mediodía y nos sentamos en un parque a esperar.

De vuelta a casa, mi madre llamaba por teléfono camino de Barajas para recoger a los familiares. El avión llegaba con retraso y hasta las doce no llegaron todos juntos a casa. Cenamos a esas horas y a dormir.

Hoy hemos comido toda la familia junta en casa de mis tíos y he tenido tiempo para jugar con mis primos pequeños. Hemos coloreado, escuchado cuentos de la pequeña de cuatro años, jugado a la gallinita ciega hasta que la pequeñaja abrazó un rosal, literalmente, y se hizo un pequeño arañazo que una tirita solucionó. Después nos fuimos a las camas para hacer un concurso a ver quién se dormía antes. Acabamos haciendo el avión y deshaciendo las camas por completo. Nadie durmió.

Como pudimos, mi hermana y yo nos escaqueamos con la excusa de que teníamos que preparar pero no hemos preparado nada en toda la tarde. Mi hermana mayor llegaba a casa preguntando si le había hecho el bizcocho que me pidió. No, se me había olvidado por completo. Ella y su marido habían quedado con unos amigos para pasar el fin de semana y había dicho que llevaba el postre. En apenas una hora ha salido un bizcocho que tenía muy buena pinta.

Diez minutos después de terminar el bollo estábamos camino de la iglesia, a la eucaristía de envío. Nos habían dicho que la misa la harían a estilo ruandés y ha sido una pasada. Han salido delante de los sacerdotes cuatro chicas ruandesas bailando como 'El lago de los cisnes', no tan exagerado, enfrente del altar. La procesión de sacerdotes parecía no terminar, habría unos doce curas. Todos bailaban y cantaban acompañados de percusión. Vestían con telas muy coloridas.

Lo peor ha sido cuando el sacerdote ha empezado a hablar en francés, ya daba por hecho que no iba a enterarme de mucho, a pesar de haber estudiado el idioma durante cinco años. Por suerte, tenemos a Juan Bautista, sacerdote en Daimiel aunque no por mucho tiempo, ya que le trasladan, es de Ruanda y nos ha hecho de traductor a la perfección. Debo decir que si hemos rezado el padrenuestro, yo no me he enterado. Ha sido todo muy bonito, incluso los daimieleños parecían haber cambiado la expresión de sus caras y hasta desprendían alegría. Ha sido una de las mejores eucaristías que he vivido. 

Para la eucaristía ya estábamos avisados por nuestros compañeros responsables nuestros en la JMJ y nos hemos sentado todo el grupo juntos. Somos veintiuno y la gran mayoría estábamos allí. Me ha llamado mucho la atención que en el momento de dar la paz ninguno nos hemos estrechado la mano, todo han sido besos y muy sentidos. 

Esto tiene explicación sabiendo que con mis compañeros apenas tengo relación. Soy unos cuantos años mayor que ellos y no hemos llegado a tener trato hasta que empezamos a organizar el Encuentro Internacional Calasancio. Son unas bellísimas personas que están dispuestos a vivir una experiencia única como la que se nos presenta mañana.

Después de la eucaristía me llama por teléfono mi madre preguntando dónde estábamos. Llevamos más de una semana hablando de ella y ¡se le había olvidado! Anda un poco despistada con la visita familiar.

Son algo más de las tres de la mañana y aún la maleta está sin hacer. Menos mal que ya he elegido todo y sólo queda meterlo en la mochila, que espero sea lo suficiente grande para que quepan cinco pares de zapatos, cinco pantalones, dos chaquetas, ocho camisetas, el aislante, la bolsa de aseo, la bolsa de maquillaje... Y todo ello en la mochila del verano pasado para el Camino de Santiago. Estoy pensando que quizá mañana le toca a mi madre usar su habilidad jugando al tetris...

Llevo un par de días intranquila pensando en lo que me espera, especialmente, el reencuentro con mis amigos. No sé hoy me dormiré pronto o todavía tendré tiempo para pensar mucho más. Al menos me he quitado todo lo que tiene que ver con papeleos de universidad.

Creo que va a ser una de las mejores experiencias, al menos, inolvidable. Leo en el blog del Encuentro Internacional Calasancio la bienvenida que ha escrito madre Sacramento y me pongo nerviosa. También conoceré a madre Pascualina, la religiosa que ha rezado por mí durante estos meses de preparación.

Por cierto, las alpargatas han sido un regalo de mi hermana mayor. En su tiempo libre nos las ha pintado a mano y han quedado genial. Sé que vamos a ser la envidia de la JMJ... (jijiji)

Conmigo va una libretita 'New Holland' para escribir ¡y una cámara de fotos! A la vuelta, prometo contar todo con detalle...

¡Feliz semana!

1 comentario:

Fiat mihi dijo...

Las zapatillas me han encantado. El otro día había un hombre que las vendía de otra manera pero parecidas en el muro del facebook de la JMJ.

Me ha encantado la historia.

El consejo de esta responsable de peregrinos es... que el maquillaje te sobrará jajaja.

Bueno, María, ya os estamos esperando en Madrid. Ya no queda nada. Que tengas buena semana y que te encuentres con Él en estos hermosos días.

Un beso