viernes, 21 de enero de 2011

Ultreia, Suseia, Santiago

Recuerdo ese día como si hubiese sido ayer. Seguía mi camino y poco a poco me daba cuenta de que las personas que me rodeaban habían avanzado a una velocidad que yo, en ese momento, era incapaz de alcanzar.

Apenas levantaba la cabeza del suelo para percibir que la que había sido mi compañera esos días ya ni se le veía del ritmo que había tomado. Quizá había sido yo la que poco a poco hacía que mis pasos cada vez fuesen más lentos. Me era imposible, mis tendones decían basta, mi rodilla no hacía otra cosa que quejarse, por no hablar de mis tobillos que deseaban llegar al final más que yo.

Casi rendida, agaché la cabeza y empezaron a surgir lágrimas de mis ojos. Unas lágrimas que jamás habían caído como cayeron ese día. No hacía más que pedirle por favor que me diese fuerzas para poder continuar pero cada vez me pesaba más mi "penitencia" (mi mochila).

Lo poco que conseguía mirar hacia arriba era para comprobar que el coche- escoba no podía meterse por esos caminos tan complicados.

Mientras continuaba pidiendo y llorando, una voz se escuchó de lejos, algo tan simple como un "¡¡¡vaaaaamos, que tú puedes!!!" Saqué fuerzas de dónde no las había y comencé a correr para alcanzarla. En apenas unos minutos casi había recorrido más trayecto que la hora que había estado desanimada. Sólo quería llorar de la alegría de ver que, aún estando con el ánimo por los suelos, una vocecilla había sido capaz de darme las suficientes fuerzas como para seguir y, lo más importante, terminar la parte de Camino de ese día.

En ese mismo instante comprobé que aquel día había sido como algunas de las peores temporadas que he vivido. Sólo con unas palabrillas fui capaz de sacar valor donde no lo había. Sólo recordando esas palabrillas voy a ser capaz de ponerme en pie cuando caiga y echarle eso que pensé que no tenía.

2 comentarios:

Manuel dijo...

Mis comentarios a tu blog están basados en un símil entre tu vida y la mía. Siempre te he dicho que en ti veo a una pequeña yo que va viviendo lo mismo que yo he vivido en otras ocasiones con la diferencia de años que hay entre nosotros. Hoy no va a ser distinto.

El problema que muchas veces existe es que esa voz no siempre se escucha, quizá porque hay mucho ruido en nuestras vidas, o quizá porque la voz en ese momento es demasiado baja de sonido como para llegar a escucharla. Pero muchas veces no solo hay voces, hay señales por todas partes que nos indican como son realmente las cosas, que nosotros podemos o que estamos ahí por algo, pero estamos tan cegados que no somos capaces de darnos cuenta.

Tan solo hay que darle la importancia a las cosas que se merecen, ni más ni menos, y no obsesionarse con las cosas, sino nada saldrá bien.

Si no escuchas la voz, busca sus señales.................

Anónimo dijo...

Nunca intentes seguir el ritmo de los demas, cada persona es un mundo.

Es increible, como a veces nuestro cuerpo con un simple incentivo, saca fuerzas para continuar "el camino".

No te rindas, ¡"vaaaaamos"!

P.